Empujando Sonrisas fue parte del desafío de dos deportistas con parálisis cerebral que conquistaron las cumbres del Bayo y el O’Connor

Por Oscar Aliaga
para rionegro.com.ar

Las carreras en las montañas nos pueden dar grandes historias que combinan logros y superación, historias inspiradoras, épicas como las de los españoles Mario y Pedro en El Cruce Saucony y la marca que han dejado para la posteridad en las montañas de Villa La Angostura.

Estos deportistas con parálisis cerebral que completaron la carrera por etapas más grande del mundo, se han convertido en los primeros en coronar las cumbres del Cerro Bayo y el Cerro O´Connor con sus sillas adaptadas subiendo a más de 1.700 msnm.

Durante tres días y desafiando montañas y circuitos patagónicos, atravesaron bosques, ríos y sendas vírgenes para lograr el objetivo: demostrar que el deporte inclusivo es posible. Detrás de ellos hay un gran equipo, la familia de Empujando Sonrisas que trajo a la Argentina un grupo de 16 corredores para ayudar a “empujar y tirar” de las sillas.

El lunes 1 de diciembre, en el Grupo 1 y con un aliento multitudinario, los corredores de Empujando Sonrisas cruzaron la rampa de largada y emprendieron el exigente desafío, que tenía como primer objetivo hacer cumbre en el Cerro Bayo. Con enorme esfuerzo y sumando desnivel positivo, encararon los primeros 8,5 kilómetros antes de iniciar el difícil ascenso final.

A lo largo del recorrido, quienes fueron testigos del paso firme del equipo, relatan que en los Oasis los recibían con aplausos y gritos de aliento mientras recargaban bebidas y alimentos. Sin dudas, el verdadero combustible de los corredores amateurs que empujaban las sillas eran los rostros de felicidad de Mario y Pedro, cuyas sonrisas daban fuerzas en cada tramo del ascenso hacia lo más alto de la montaña.

La primera etapa fue muy dura y algunos contratiempos impidieron llegar hasta el final del trazado, aunque eso quedó en un segundo plano. Tras correr entre piedras y arena, soportar el frío y el viento de la cumbre, Mario, Pedro y el equipo ya habían hecho historia.

El segundo día se presentó con nuevos desafíos. Las sendas vírgenes y los caminos angostos dificultaron aún más la tarea. El equipo trabajó de manera unida y solidaria. En algunos sectores debieron superar zanjas y alambrados; en otros, fue necesaria la ayuda de cuerdas para sortear pronunciadas subidas. Una vez más, el aliento constante del público fue clave. La etapa 2 estaba conquistada y el equipo cruzó la meta, cada vez más cerca de la gloria.

El tercer día de competencia fue, sin dudas, el más duro. Al cansancio acumulado se sumó la compleja trepada hacia la cima del cerro O’Connor. Transitar por los filos no era apto para las sillas, por lo que la organización dispuso una ruta alternativa, no menos exigente. Con enorme esfuerzo lograron alcanzar el punto más alto, una hazaña que se celebró como una victoria en el último Oasis, tras el descenso.

Restaban seis kilómetros para llegar a la meta. Cansados, luego de superar múltiples obstáculos y adversidades, el equipo cruzó finalmente el arco de llegada y recibió una ovación en la rampa. Empujando Sonrisas había completado El Cruce Saucony. Mario y Pedro se convirtieron en los protagonistas de una de las historias más emotivas de esta emblemática carrera.

Pedro y Mario ya son corredores de montaña, van en sus sillas adaptadas y a no confundirse con las imágenes, porque son ellos los que nos empujan cuando el camino se pone difícil y cuesta arriba, los que nos demuestran que no existen las barreras ni los límites.

El desafío fue superado y Empujando Sonrisas no solo dejo una gran enseñanza, sino que también abrieron la posibilidad para que su ejemplo continúe, porque decidieron dejar en manos de la organización la silla que utilizó Pedro para que otras personas con discapacidad física puedan vivir esta experiencia en las próximas ediciones de El Cruce Saucony. “Esta experiencia nos ha demostrado que la montaña no entiende de barreras ni de limitaciones para nuestros atletas capacitados«.

La tribu que vive la inclusión y suma kilómetros

Empujando Sonrisas es de La Coruña, Galicia, España y nació a partir de Mario e Inés, dos chicos con diversidad funcional que encontraron en el running, mediante sillas adaptadas, una forma de inclusión, disfrute y bienestar compartido con familiares y amigos.

La iniciativa busca promover la integración en el atletismo popular y facilitar la participación en carreras para personas con discapacidad. Así se definen: “Más que un grupo deportivo, es una gran familia abierta a todos, donde no importan las marcas ni los tiempos, sino compartir, acompañarse y disfrutar juntos del deporte y la vida”.

Deja una respuesta

Volver arriba...