La Policía de la provincia del Neuquén atraviesa un período de fuerte malestar interno que quedó expuesto durante las últimas semanas, luego de que alrededor de 50 efectivos solicitaran su pase a retiro, en un contexto marcado por cuestionamientos a la conducción de la fuerza, reclamos salariales y decisiones políticas que generaron rechazo en los cuadros policiales.
Según trascendió, el detonante principal del conflicto fue el creciente descontento con la gestión del actual jefe de Policía, Tomás Díaz Pérez, cuya continuidad al frente de la institución habría profundizado el malestar entre los oficiales de rangos medios y bajos. El periodista Alejandro Lillo señaló que el jefe policial es percibido como “un hombre sin demasiada ligazón con los cuadros medios e inferiores” y con escasa experiencia territorial, lo que habría debilitado su vínculo con el personal operativo.
A esta situación se sumó la confirmación de la jefatura policial, que habría limitado las expectativas de ascenso para numerosos efectivos. “Hay muchos cuadros jóvenes que se vienen profesionalizando y, ante este escenario, se sienten desmotivados porque no ven posibilidades de crecimiento dentro de la fuerza”, explicó Lillo, al describir uno de los factores que empujó a varios agentes a optar por el retiro anticipado.
Otro elemento que generó fuerte rechazo fue la designación de un coronel del Ejército al frente de la Secretaría de Seguridad provincial, una decisión que no cayó bien en sectores de la Policía neuquina. El desembarco de una figura proveniente del ámbito militar reavivó tensiones internas vinculadas a la identidad y la formación profesional de la fuerza.
El malestar quedó reflejado en expresiones públicas de algunos comisarios, quienes manifestaron su desacuerdo con el rumbo adoptado. “No estudié para ser oficial de policía para después dedicarme a seguridad militar”, fue una de las frases que circuló en los pasillos policiales y que expone el choque de culturas institucionales entre ambos ámbitos.
A las diferencias de conducción y estructura se sumaron reclamos salariales pendientes, cuestionamientos por la carga horaria, la falta de descansos adecuados y promesas incumplidas en materia de condiciones laborales. Todo ello conformó un clima de tensión sostenida que derivó en un “mar de fondo” difícil de contener.
Ante la magnitud del conflicto, las autoridades provinciales iniciaron una serie de reuniones y negociaciones con representantes de la fuerza para intentar frenar la ola de retiros y descomprimir la situación. Entre los ejes prioritarios se encuentran la revisión de los salarios, la planificación de ascensos y la recomposición del diálogo interno.
Si bien desde el gobierno buscan transmitir calma y asegurar que la situación está bajo control, el número de efectivos que pidieron el retiro encendió señales de alerta sobre el estado de ánimo dentro de una institución clave para la seguridad pública de la provincia.
con información de LU5



