El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, atraviesa el momento más complejo desde su llegada al Gobierno. Mientras avanza la investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito y continúan las repercusiones por las rectificaciones de sus declaraciones juradas, dentro del oficialismo y entre los aliados crecen las diferencias sobre la estrategia para afrontar la crisis.
Lejos de tomar distancia, el presidente Javier Milei mantiene un respaldo explícito a uno de sus principales funcionarios y decidió asumir el costo político de sostenerlo en el cargo. En la Casa Rosada aseguran que el mandatario no evalúa cambios en el gabinete y que considera que la causa debe resolverse en el ámbito judicial.
Sin embargo, puertas adentro del oficialismo el panorama es distinto. Funcionarios y dirigentes admiten que el caso comenzó a condicionar la agenda política y a opacar los intentos del Gobierno por instalar temas económicos y de gestión.
La reciente aparición televisiva de Adorni, donde explicó el origen de parte de su patrimonio y reconoció errores en sus declaraciones, generó interpretaciones diversas dentro del denominado «Triángulo de Hierro». Mientras su entorno sostiene que logró transmitir tranquilidad y explicar su situación patrimonial, otros sectores consideran que la entrevista estuvo dirigida principalmente a fortalecer su estrategia de defensa judicial.
El respaldo interno tampoco es unánime. La senadora Patricia Bullrich volvió a diferenciarse del Gobierno al calificar las omisiones patrimoniales como una «falta ética», profundizando una relación que desde hace meses atraviesa permanentes tensiones con la conducción libertaria.
Pese a esas diferencias, la mesa política del oficialismo evitó escalar el conflicto y mostró una imagen de unidad durante una reunión encabezada por Karina Milei, en la que participaron los principales referentes del espacio.
Las críticas también llegaron desde sectores aliados. El PRO cuestionó públicamente las inconsistencias reconocidas por Adorni y advirtió sobre el impacto que estos episodios generan en la credibilidad del Gobierno. A esas voces se sumó la vicepresidenta Victoria Villarruel, quien calificó las explicaciones del funcionario como «una vergüenza» y reclamó que adelante su informe de gestión ante el Senado.
Mientras tanto, el jefe de Gabinete prepara su defensa frente a la moción de censura presentada por la oposición y busca dejar atrás una polémica que lleva varios meses ocupando el centro de la escena política.
En Balcarce 50 reconocen que el caso genera desgaste, pero aseguran que la decisión presidencial es firme: sostener a Adorni mientras avanza la investigación. No obstante, el creciente malestar entre aliados y dirigentes del propio oficialismo plantea un interrogante cada vez más evidente sobre cuánto tiempo podrá el Gobierno convivir con una crisis que se renueva con cada nuevo capítulo.




