
Su última publicación, rodeado de sus perros
La despedida resulta todavía más dolorosa al mirar una de sus últimas publicaciones en redes sociales.
Horas antes del accidente, Eduardo había compartido un video junto a algunos de sus inseparables compañeros de cuatro patas. En las imágenes se lo veía sonriente, preparando a sus perros para llevarlos a la peluquería.
“Así salimos hoy de Narnia rumbo a la pelu con los flequilludos”, escribió.
Una escena cotidiana, sencilla y feliz, que después de conocerse la noticia de su muerte adquirió un significado profundamente conmovedor.
Allí estaba “El Polaco” como tantos lo recordarán: rodeado de perros, pendiente de ellos y disfrutando de su compañía.
El accidente que terminó con su vida
El trágico hecho ocurrió durante la tarde del jueves, alrededor de las 15.40. Eduardo circulaba en motocicleta por avenida Alsina, en sentido este-oeste, cuando al llegar a la rotonda ubicada en la intersección con Ramón Gómez Cornet perdió el control del rodado y sufrió un derrape.
El proteccionista quedó inconsciente y fue asistido por personal de emergencias, que lo trasladó de urgencia al Hospital Regional.
Sin embargo, pese a los esfuerzos realizados, ingresó al centro asistencial sin signos vitales.
La investigación quedó a cargo de la Justicia, que ordenó la intervención de Criminalística y el relevamiento de cámaras de seguridad para establecer las circunstancias en las que se produjo el accidente.
Una ausencia que deja un enorme vacío
La muerte de Eduardo Groh Riemersma deja un profundo vacío en el mundo del proteccionismo animal.
Durante años, su nombre estuvo ligado a rescates, campañas, pedidos de ayuda y cientos de historias de perros que encontraron una nueva oportunidad gracias a su intervención.
Su tarea no fue sencilla. Sostener un refugio con cientos de animales implicaba una responsabilidad enorme y una lucha cotidiana. Pero “El Polaco” eligió ese camino y lo convirtió en la causa de su vida.
Hoy, quienes lo conocieron lo despiden con dolor. Las redes sociales se llenaron de mensajes, fotografías y palabras de agradecimiento para un hombre que dedicó gran parte de sus días a cuidar a quienes habían sido abandonados.
Quedan sus “canichones”. Queda El Montecito. Quedan las historias de miles de perros que alguna vez encontraron alimento, refugio, atención y cariño gracias a una mano tendida.
Y queda, sobre todo, una huella imposible de borrar.
Porque Eduardo “El Polaco” Riemersma no será recordado solamente por la tragedia que terminó con su vida, sino por todo lo que hizo mientras estuvo aquí: darles una segunda oportunidad a quienes, sin él, quizás nunca la hubieran tenido.


















