Una consigna estampada en una remera bastó para sacudir el clima político de San Martín de los Andes y abrir un debate incómodo sobre los límites del discurso partidario. La frase —“No odiamos lo suficiente a Saloniti”— comenzó a circular en redes sociales tras un encuentro político local y generó la reacción inmediata del intendente Carlos Saloniti.
El mensaje, que remite a una expresión utilizada tiempo atrás por el presidente Javier Milei en otro contexto, fue adoptado por referentes vinculados al espacio libertario Cumplir. Entre los participantes del encuentro apareció el abogado Gustavo Fernández junto a militantes que ya trabajan en el posicionamiento electoral con vistas a 2027.
La polémica no tardó en escalar. En una ciudad donde oficialismo y oposición conviven en un entramado social estrecho —escuelas compartidas, clubes, comercios y vínculos familiares cruzados— el uso explícito de la palabra “odio” encendió alarmas más allá de la disputa ideológica.
La reacción del intendente
Saloniti evitó dramatizar, pero fue tajante. “No me sorprende la crítica política. Lo que me llama la atención es la premeditación. Hacer una remera implica una construcción deliberada. Más allá de mi apellido, la palabra fuerte es odio”, expresó.
El jefe comunal sostuvo que la frase cruza una línea en la convivencia democrática. “Siempre hubo diferencias políticas en un marco de respeto. Esto es otra cosa”, afirmó. También advirtió sobre el impacto que puede tener una consigna de ese tenor en el plano personal y familiar.
En su lectura, el episodio anticipa un clima de campaña más agresivo de cara a 2027. “Si el punto de partida es el odio, después ¿cómo se construye un debate serio?”, planteó.
Interna libertaria y posicionamiento
El trasfondo político incluye la reconfiguración del espacio libertario en Neuquén. La diputada provincial Brenda Buchiniz, presidenta del partido Cumplir, tomó distancia de Nadia Márquez y avanza en un armado propio con el objetivo de consolidar presencia territorial rumbo a las próximas elecciones.
En ese contexto, la actividad partidaria en San Martín de los Andes fue leída por algunos sectores como una señal de endurecimiento discursivo para ganar visibilidad. La estrategia, sin embargo, abrió interrogantes sobre el costo institucional de apelar al agravio como herramienta de marketing político.
Más que una remera
El episodio dejó instalada una discusión que excede al intendente y al espacio libertario. ¿Hasta dónde puede tensarse el discurso sin erosionar la convivencia? ¿Es el impacto en redes un fin en sí mismo? ¿Qué responsabilidad tienen los dirigentes en el tono que adoptan sus militantes?
En una comunidad pequeña, donde la política no es abstracta sino que tiene rostro y cercanía cotidiana, la línea entre la crítica y la deshumanización se vuelve más visible.
Mientras el oficialismo intenta bajar la temperatura del conflicto y evitar que escale, la consigna ya cumplió su cometido: instaló el debate. Y dejó flotando una pregunta incómoda sobre la calidad del intercambio democrático en la ciudad.




