En el norte neuquino, donde la geografía se mezcla con la espiritualidad, el nombre de Alejandro Santana aparece una y otra vez. Sus obras no solo ocupan el paisaje: lo resignifican. Desde el parque escultórico Vía Christi hasta la nueva intervención en Huinganco, su trabajo construye un recorrido que combina fe, identidad y territorio.
Por estos días, Santana está enfocado en el montaje de una nueva figura monumental: un Sagrado Corazón de Jesús de más de siete metros de altura que se levanta en un punto panorámico del norte provincial. La obra no llega sola. Se complementa con una cruz de gran escala que incluirá un vitral de 13 metros, pensado como relato visual de la historia local.
Un escultor que encontró su camino en la fe
Nacido en Buenos Aires en 1958, Santana se formó como arquitecto, pero su recorrido profesional tomó otro rumbo casi por casualidad. Una intervención menor —la reparación de una imagen religiosa durante una peregrinación— marcó el inicio de un camino que lo llevaría a especializarse en obras de fuerte carga simbólica.
Desde fines de los años 90 está radicado en Junín de los Andes, donde desarrolló su proyecto más ambicioso: el Vía Christi, un parque temático con estaciones que reinterpretan la vida de Jesús en diálogo con la cultura local. Allí también se levanta una de sus piezas más impactantes: un Cristo de 52 metros que emerge del cerro y domina el paisaje.
Entre lo cristiano y lo mapuche
Una de las marcas distintivas de su obra es la convivencia de símbolos. En sus intervenciones aparecen elementos del cristianismo, pero también referencias a la cosmovisión mapuche, una presencia fuerte en la región.
Esa síntesis se vuelve especialmente visible en el entorno de San Ignacio, donde descansan los restos del beato Ceferino Namuncurá. Allí, la idea de lo circular —propia de la cultura mapuche— se materializa en estructuras inspiradas en el cultrum, el instrumento ceremonial que simboliza la conexión con lo espiritual.
En ese cruce de culturas, Santana construye un lenguaje propio: obras que no buscan imponer una lectura única, sino abrir preguntas sobre identidad, creencias y territorio.
Huinganco, nuevo punto del mapa espiritual
La nueva obra en Huinganco se proyecta como un nuevo hito dentro del llamado Camino de la Fe neuquino, un corredor que une distintos puntos de interés religioso a lo largo de la provincia.
La escultura del Sagrado Corazón está realizada en acero inoxidable y vidrio laminado, y propone una imagen de Cristo en movimiento, más cercana a la figura de un pastor que a la representación estática tradicional. La cruz, inspirada en la de San Damián, incorporará un vitral con escenas que reconstruyen la historia de la localidad.
La intervención busca integrarse al perfil productivo, cultural y turístico de la zona, sumando un atractivo que combine paisaje y espiritualidad en una región que viene apostando a diversificar su oferta.
Un recorrido que sigue creciendo
El trabajo de Santana no se limita a grandes esculturas. También incluye proyectos vinculados a la salud y la interculturalidad, como el Centro de Salud de Ruca Choroi, y múltiples intervenciones en espacios religiosos del sur argentino.
Su obra, sin embargo, mantiene una constante: la idea de proceso. Nada parece cerrado o definitivo. Cada nuevo proyecto amplía un mapa que ya conecta distintos puntos de Neuquén bajo una misma lógica.
El próximo 8 de mayo, esa mirada podrá verse de cerca en una visita guiada que el propio escultor ofrecerá en el Vía Christi, en el marco del Encuentro Argentino de Turismo Religioso. Será una oportunidad para recorrer no solo las esculturas, sino también la historia de un trabajo que, más que ocupar el espacio, busca darle sentido.




